Guillermo “Pepe” Loyola was more than a teacher at Graded. He was a presence, someone whose intelligence, humor, and kindness reached far beyond the classroom. His passing left a deep absence in our community, but also revealed how many lives he quietly impacted. This space gathers the voices of students who wanted to share a memory, a message, or a small reflection on the impact Pepe had on them. Each testimony is a reminder of the warmth he brought to our school and the lasting imprint he leaves behind.
Isabel Scroffa
Hay una palabra con la que yo siempre defino a Pepe, aun si él humildemente lo negaba: sabio. En mi opinión, Pepe tenía una sabiduría única con la que abordaba la vida, con una inmensa pasión por el saber, el aprender y por el compartir humildemente. Por más que nos unía un gran amor por la literatura, sus clases no solo eran sobre eso, sino que eran realmente un espacio en donde aprendíamos de todo. En cada clase surgía una pregunta diferente, y él pacientemente nos daba el espacio para aprender de él, o incluso junto a él, porque nunca se privaba de la experiencia de admitir que había algo que no sabía pero que estaba dispuesto a aprender. Como Mr Yates decía el otro día, deseo poder dejar que su gran sabiduría y humildad habiten dentro y a través de mí. Pepe fue una persona que me inspiró a aprender más e incluso logró que volviera a querer leer literatura en español. Entonces, hoy decido honrar su vida a través de cada libro que me recuerde a él y cada clase que me despierte curiosidad e incluso sé que si algún día acabo escribiendo un libro o enseñando una clase será en parte por su presencia dentro de mí, una presencia que me marcó, y continuará marcándome de por vida.
Catalina Gonzalez
Adelante la Carreta – En Argentina hay un dicho: “andando la carreta, se acomodan los melones.” Siempre lo entendí como algo simple: una carreta avanzando, los melones moviéndose hasta encontrar su lugar. Pero con Pepe descubrí que no era solo un dicho; era una manera de mirar la vida.
Mi mamá se lo dijo una vez a Pepe, en uno de sus momentos más difíciles, cuando ya no estaba más en el colegio: que aunque todo parezca en desorden, si la carreta sigue andando, eventualmente todo se acomoda. Nunca imaginé que esas palabras, que pensé que eran para él, terminarían siendo también un mensaje para mí.
Su respuesta, tan a lo Pepe, fue:
“Espero que en breve se acomodan los melones. Así que adelante la carreta.”
Con él, esa frase dejó de ser una metáfora y se volvió un camino. Un recordatorio de que incluso cuando uno no sabe cómo seguir, siempre vale la pena empujar la carreta un poco más. Pepe me conocía de una manera que pocas personas lograron. Sabía que, en uno de los momentos más difíciles de mi vida, lo que yo necesitaba no era una solución, sino alguien que me dijera que estaba bien avanzar lento, que los melones se iban a acomodar cuando tuvieran que acomodarse. Me costó creerlo. Me costó muchísimo.
El día que le mostré mi Vivas Palavras, él fue el primero en leerlo, antes que todos. Y ahí, al lado mío, Pepe lloró. Con esa voz ronca y llena de lágrimas, me dijo:
“Maravilhoso, Catalina.”
Me agarró la mano, me miró y dijo:
“Adelante, Catalina. Adelante.”
Y recién ahora entiendo lo que me estaba diciendo.
Porque mientras yo pensaba que era él quien empujaba su carreta, era él quien, sin saberlo, me ayudaba a empujar la mía. Acomodaba mis melones cuando yo no podía sola.
Así que hoy, al escribir esto, siento que se cierra un círculo: así como ese día él se emocionó y se sintió orgulloso de mí, ojalá que con este mensaje también le llegue mi orgullo hacia él.
Entonces, como vos decías, como vos vivías, y como prometo repetirle a cada persona que cruce en mi camino:
Adelante la carreta.
Tu querida,
Catalina
